Estos fueron los productos audiovisuales producidos en la segunda etapa del proceso de formación llamado “fortalecimiento de la comunicación propia a través de formación audiovisual y artística, etapa III- Miradas desde el Territorio Kamentsa – inga.”
El objetivo de esta etapa fue documentar las memorias desde el territorio por medio de la fotografía como herramienta para salvaguardar los saberes, la historia, los oficios y sueños de los niños, niñas, jóvenes, adultos y mayores de la comunidad del Resguardo Indígena Kamëntsá – Inga del municipio de San Francisco, Putumayo
JINYAN JOWENAN KABËNGE WAMAN LUAROKAN KAMENTSA INGA WABAINOK
Kem soy endmën, ts̈am tmonjenanme kabëngbe luarents̈an, Resguardo kamënts̈a Inga binyiokan, desde septembr y wakjnayshiy mëtskoñ , kem wat, uta warang uta bnetsa chnënguan wat, waman proyect wabaina: kabëngbe soy jtenajabuacham owenanokan bs̈nokan bëtska wama soy enangmensoyëngnak , etapa lll jinyan jowenan kabënge waman luarokan Kamënts̈a inga wabainok ts̈am tonjuasuerteka.
MIRADAS Y VOCES DESDE EL TERRITORIO KAMENTSA-INGA
Esta exposición es el resultado del proceso de formación-creación desarrollado dentro del Resguardo kamënts̈a-Inga de San Francisco desde finales del mes de septiembre hasta principios del mes de noviembre de 2026, como parte del proyecto: FORTALECIMIENTO DE LA COMUNICACIÓN PROPIA A TRAVÉS DE FORMACIÓN AUDIOVISUAL Y ARTÍSTICA ETAPA III, MIRADAS DESDE EL TERRITORIO KAMËNTSA-INGA, propuesta ganadora de la BECA COMUNICACIÓN Y TERRITORIOS DEL PROGRAMA NACIONAL DE ESTÍMULOS 2026 DEL MINISTERIO DE LAS CULTURAS, LAS ARTES Y LOS SABERES y en articulación con la Escuela de formación Artístico-audiovisual Wayra Binyioc.
RESEÑA DEL PROCESO
Este proyecto desarrolló un acercamiento hacia la fotografía como una herramienta de indagación de las memorias personales, comunitarias y el fortalecimiento de transmisión de las mismas desde los pueblos kamentsa e inga, adentrándose en las historias de vida de cinco mujeres de la comunidad, quienes desde sus oficios, saberes y experiencias contribuyen en el bienestar comunitario de este territorio, resaltando el papel tan importante que ha jugado su oficio o saber a lo largo de nuestra historia. Para tal efecto presentamos una serie fotográfica y un podcast de cinco capítulos construidos con la participación de cinco mamitas sabedoras que se vincularon dentro de este ejercicio y así mismo, una serie de autorretratos elaborados con los participantes de los talleres de formación desde diversas preguntas sobre su identidad, gustos, sueños, familia y el territorio habitado.
Esperamos que esta propuesta de Memoria audiovisual contribuya en el diálogo de saberes entre las distintas generaciones, conectando la conciencia comunitaria sobre la riqueza cultural que aún existe en nuestro resguardo, los esfuerzos familiares y comunitarios que debemos desplegar para seguir manteniendo vivo lo que somos como pueblos kamëntsá e Inga, claro está, desde las semillas que nacen a diario en nuestras familias y por supuesto la voz de las mujeres valientes que continúan labrando nuestra historia desde este hermoso territorio.
Tonjonyna bnëtsan posëbtaté, jul shiny, wat: kanye warang skonëbta pats shachna bnëtsan kanta, San Silvestre wabainents̈ chabe taita enjanabain Pedro Jacanamejoy Tendejoy, y chabe mamá enjanabain Eufrasia Jamioy Buessaquillo, chëngbiyek tjuatsjiny kabëngbe jajañ jenangmiam, cha endmën utëtsana de kaisëbta kats̈atang, shachna s̈ës̈ong mamá abomna, bëtsmamá de bnëtsan unga ñetëng y unga bisñetëng. Mor endoyen ndayents̈ tojonynayents̈, ts̈am mondentjëmbambanaka boya y kanye wakiñaftak.
Nació en la vereda San Silvestre el 18 de julio de 1954. Hija de Pedro Jacanamejoy Tendejoy y Eufrasia Jamioy Buesaquillo de los cuales heredó los conocimientos ancestrales sobre la chagra. Es la segunda de siete hermanos, madre de 5 hijos y abuela de 13 nietos y 3 bisnietos. Actualmente reside en la vereda donde nació en compañía de su esposo y algunos de sus hijos.
Desde muchos años atrás mama Teresa Jacanamejoy viene sembrando y cultivando diferentes productos de la chagra, con los cuales ha logrado sustentar su vida y las necesidades de alimentación propia para diferentes familias e instituciones educativas dentro y fuera del resguardo kamëntsá e Inga.
Su experiencia de vida nos recuerda que las mujeres indígenas han sido un pilar fundamental en la salud y bienestar de nuestras comunidades rurales, a través de su quehacer se mantienen vivos saberes en torno a la preservación de semillas, la siembra y variedad de técnicas en el cultivo de alimentos tradicionales.
Que su saber no se extinga y que así como ha logrado transmitir sus conocimientos dentro de su familia, nosotros también desde nuestros hogares, retomemos y mantengamos vigentes los saberes de la chagra, volviendo a la práctica de la siembra, preparación y consumo de recetas ancestrales, para nuestro bienestar y el de las futuras generaciones.
Tonjonyna binyiok, ch unga bnëtsan té, ch diciembre, kanye warang skonëbta pats kanta bnëtsan kainsëbta wat, mondmën chënguan kats̈atan y cha endmen ungatsana, chabe boya enjanabaina Miguel España Juagibioy, kaitsëbta s̈ës̈ong bomna, Rosa Elvira España Agreda (q.e.p.d) ,Carlos Bolivar España Agreda (q.e.p.d), Miguel Angel, Dilia Omaira, Olga Emperatriz, Luz Marina y Ludy Marcela. Desde tempskan cha endenangmen, ts̈am nday soy tsamnka, shananëg y jajem ba soyëg kabëgbe jajañ jtsebomnam.
Nace en San Francisco el 30 de diciembre de 1947. Hija de Alejo Agreda y Antonia Juajibioy Jamioy, la tercera de 6 hermanos. Conformó su hogar con Miguel España Juajibioy (q.e.p.d). De esta unión nacieron sus 7 hijos; Rosa Elvira España Agreda (q.e.p.d),Carlos Bolivar España Agreda (q.e.p.d), Miguel Angel, Dilia Omaira, Olga Emperatriz, Luz Marina y Ludy Marcela. A lo largo de su vida ha venido fortaleciendo los saberes en torno a la chagra donde conserva y siembra diversidad de plantas medicinales y alimentos tradicionales.
Bata María Antonia Agreda, se ha destacado por sus saberes en torno a la tejeduría tradicional kamëntsá elaborando fajas, sayos, bolsos en la técnica del telar o guanga y la elaboración de otros elementos tejidos como las jigras. En su quehacer retoma cromáticas y simbologías propias del pueblo kamëntšá, pero también brinda camino a la imaginación e interacción con elementos contemporáneos. En su experiencia de vida resalta que siendo muy niña trabajó en diferentes oficios, lo cual le permitió conocer muchas realidades de la historia del pueblo kamëntšá.
El tejido para ella y su familia más extensa ha sido una forma de vida que les ha permitido un intercambio comercial con otras personas, no solo locales sino también extranjeras. Su historia nos recuerda la importancia de la transmisión de saberes intergeneracionales y el valor de las memorias femeninas en este quehacer, memorias que continúan siendo escritas desde cada materia prima, en sus formas, texturas, colores y simbolismos.
Mor endoyen ch vereda Diamante, binyiok wabainok, tonjonyna kany té wakjnayté shiny, kayn warang eskonëfta pats unga bnëtsan wat ch tablon de Gómez wabainok. Endbomna shachna wakiñëng. Ch kainsëfta bënëtsan shachna wat s̈ojakuntay bëtska juabn soy, costumbr ch kabëngbe waman luarentsan, ch waman soy korent obiachjasoy nyetska kamëntsa igatsach biangbiam. Ch nyeunan, ainan y enojuabnayang kabëngbe mamajemëngbiam, luar jenots̈etayam jabuachan antiguo parlaysoy jabuatmanam.
Actualmente reside en vereda el diamante del municipio de San Francisco, nació el 1 de noviembre de 1930 en el Tablón de Gómez, es madre de 5 hijos. A sus 95 años nos comparte con una claridad admirable diversidad de relatos y memorias sobre las costumbres y formas de vida del territorio kamëntšá e inga. Desde su hogar es imposible no admirar la majestuosidad del territorio que habitamos y la enorme riqueza de ser kamëntšás. Su voz es un claro ejemplo de la resiliencia de nuestras mamitas, su fortaleza, pero también la necesidad de darnos tiempo para visitarlas, acompañarlas y conocer relatos antiguos y sus experiencias de vida.
En el hogar de mamita Margarita la generosidad es un valor que conmueve, su sonrisa y la forma tan amena como relata los acontecimientos de los cuales ha sido testigo, convirtiéndose en una forma de hacernos conscientes de aquellas formas de relacionarnos con los otros y que quizás hemos olvidado. Sus palabras son también un llamado de atención constante sobre aquello que estamos perdiendo y que tal vez vamos transformado deliberadamente en nuestras tradiciones. Escuchar su voz, también, es una forma de no ser indiferentes con el esfuerzo de tantas mujeres, madres, lideresas que a pesar de las situaciones difíciles que han tenido que sortear en su vida, siguen mirando con ternura, gratitud y compromiso a su comunidad.
La mamita Margarita nos recuerda el estoicismo particular de tantas mujeres de nuestros pueblos, en su mirada, sus palabras y silencios, la vida toma un rumbo distinto y el tiempo sigue su curso deliberadamente sin pretensión de límites, y llega un momento, donde inevitablemente repensamos nuestra misión de vida y nos reconocemos en ella desde nuestra propia humanidad. Gratitud infinita desde lo profundo de nuestro corazón; por su vida, su compartir y también por recordarnos la magnitud de nuestras raíces como kamëntšas e ingas.
Tojonyna ch bnëtsan kany té, ch kanye warang skonëfta pats kanta bëtsan posëfta wat, mamajem korent enëta endmën, mondentjumbaba nyebnok chabe mamaftak Margarita Chicunque. Endetsomiñ ch vereda el diamante, binyiok tëmajay wabainok, shembasa korent botaman wabcha endemën. Taita y mamabe waman soy tojubtsatsjiny jabianam sbarëk japormam. Ch elementos iyopodenka japorman kabënge enangmenan y bianansoy kabá btsëndenangmen, jajañ y inyejuabnëngam.
Nació el 11 de febrero de 1948. A sus 78 años es la fiel compañera de su madre Margarita Chicunque con quien comparte la mayor parte de su tiempo en su casa ubicada en la vereda el Diamante, municipio de San Francisco- Putumayo, una mujer con una sonrisa muy especial, Heredó de sus padres el oficio de la cestería, fabricando diferentes tipos de canastos con materias primas naturales como la tunda y la guasca, los elementos que elabora son aún empleados dentro de la comunidad en actividades ancestrales como el cultivo de la chagra y otras ritualidades.
Comenta bata Margarita que su oficio lo aprendió desde la observación siendo muy niña, intentando seguir las técnicas de su padre y arriesgándose a seguir elaborando estos artículos artesanales a pesar de que sus primeras creaciones no cumplían con todas las condiciones que el oficio requería. Con el pasar del tiempo, su esfuerzo y constancia la llevaron también a transmitir sus saberes con otras personas y a mantener un intercambio económico de sus obras para su subsistencia y el de su familia.
Al compartir apartes de la historia y del oficio de bata Carmela, somos testigos de una generosidad admirable, una labor silenciosa que nos conecta con la memoria individual, familiar y comunitaria. Su testimonio nos permite acercarnos a la relación ancestral entre los lugares, las plantas, las fases lunares y la relación inseparable de nuestros pueblos con el territorio. Con este ejercicio, reconocemos no solo la importancia de cuidar EL LUGAR que habitamos, sino también, la necesidad de fortalecer el diálogo intergeneracional para que éstas prácticas no se extingan y para que sean reconocidas y valoradas desde su pasado, en el presente y para el futuro.
Tiagsamurka Santiago Putumayoma, iskai chunga sug puncha, waranga iskun patsa chusku chunga watapi. Taita kami Manuel Chasoy, paipa mama kami Mercedes Tisoy. iskun wata iukaura pusarkakuna kaugsangapa Balsaiakuma, ña atun kaura kaugsagrika san jose de chunga, chipi kaugsarka Iskai waranga iskai chunga iskai watakama. Pai kami pinu uchulla wambra, paipa kusa karkasi Juan Jeronimo Jamanoy paipa wambrakuna kamkunami: Jaime, Alicia, Nidia, Rocío y Magnaly.
Paipa kaugsaipi iachami achka imasa achalakuna suma iachachiskakuna, tulpapi, rimai awarkuna, chagrapi almai, ambikuna imapa ministidu kagta.
Paipa iuiaikunata kaugsachi imasa ñugpamandakuna kawaskasina. maipimi kai iuiaikunata iachachidiru ka. Paimanda tulpa kami iachaikudiru ama sisai, ama llullai, allilla sugkunawa kaugsangapa, paipa rimaikunapi mamandimanda iuiari imasami alli rimadurkarta, imasa suma kugsaska, iachaikuska, imasapas pai Ingasina kaugsa maituku sugkunawa kaugsaspapas.
Paipa kusa wañugpipas pai ñugpa llugsirka paipa wambra kunawa inga warmisina. Chasami paipa kaugsai ka sugkuna iuiaringapa chasa pai tukugsamu inga iacha warmi San Franciscomanda.
Suianchimi suura uianga paipa rimaita imaura sug tandariikunapi chasa paipa suma kaugsaiga kunu kunuchisiachichu, tulpapisina uchullandata.
Nació en Santiago, Putumayo, el 21 de octubre de 1948. Es hija de Manuel Chasoy y Mercedes Tisoy. A la edad de nueve años, se trasladó a vivir a la vereda Balsayaco y, posteriormente, se radicó en San José del Chunga, donde vivió hasta el año 2022.Es la menor de seis hermanos y conformó su hogar con Juan Jerónimo Jamanoy (q. e. p. d.). De esta unión nacieron sus cinco hijos: Jaime, Alicia, Nidia, Rocío y Magnaly.
En su historia de vida permanecen vigentes muchas costumbres y tradiciones del pueblo inga, especialmente la práctica de la lengua materna, el cultivo de la chagra, el conocimiento y uso de las plantas medicinales, así como las memorias transmitidas alrededor de la tulpa o fogón de las tres piedras.
Sus recuerdos transmiten un mensaje muy valioso sobre la importancia de la familia y de los espacios destinados a compartir e intercambiar saberes. Para ella, la tulpa se convirtió en el lugar donde, desde muy niña, aprendió valores como el respeto, la responsabilidad y la dedicación, además de la importancia de preservar y practicar las tradiciones culturales. En su relato, la presencia de su madre aparece constantemente, evocando historias y experiencias que aprendió de ella y que procura mantener vivas hasta la actualidad, a pesar de los cambios culturales y sociales.
De su historia recordamos la fortaleza de una madre que, siendo muy joven, se sobrepuso a la pérdida de su esposo y encontró la fuerza necesaria para sacar adelante a sus hijos, sin olvidar sus orígenes como mujer indígena. De esta manera, se convirtió también en un pilar fundamental de la historia del pueblo inga que habita el municipio de San Francisco.
Esperamos seguir escuchando su voz y contando con su presencia en cada acción que emprendamos, para que su nobleza y sus cálidas historias continúen brindándonos el abrigo inga, así como el fuego de la tulpa que desde niña ha mantenido vivo.
Esta serie fotográfica propone un proceso creativo y reflexivo en el que los participantes del proyecto elaborarán autorretratos fotográficos como una forma de explorar su identidad, su historia familiar y su relación con el territorio. El autorretrato se plantea no sólo como un ejercicio visual, sino como una herramienta de autoconocimiento y construcción de memoria, donde cada participante tendrá la oportunidad de representarse a sí mismo a partir de su cotidianidad, su cultura y sus sueños. La serie busca evidenciar la diversidad de identidades presentes en el territorio y fortalecer el sentido de pertenencia hacia la comunidad y la historia colectiva.